Una huelga que rompe

    Un artículo de opinión de Chechu Rodríguez, secretario general de CCOO Navarra, y Manuel Vázquez, secretario general de la Federación de Pensionistas de CCOO.

    30/01/2020.
    Artículo publicado

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    En los últimos años, hemos sido capaces de confluir y de impulsar grandes movilizaciones que han sido muy numerosas, especialmente cuando hemos salido a la calle a favor de la igualdad de género y en defensa de unas pensiones públicas y salarios dignos.

    Ello se ha hecho en base a dos premisas; una causa social potente y el respeto a la pluralidad de la calle. Son causas y actitudes que han tratado de quebrar inercias del pasado. No sin tensiones, por ejemplo, fuimos capaces de organizar una plataforma unitaria en torno a las pensiones que recogió todo el impulso movilizador.

    En paralelo, la necesidad cívica de impulsar un gobierno de izquierdas que frenara una época de recortes y de amenazas ha surtido efecto. Ese gobierno además se ha comprometido con la mayoría de las demandas que hemos reivindicado. Asegurar un sistema público de pensiones a presente y futuro y la revalorización de las mismas conforme al IPC, la derogación de la reforma de la seguridad social del año 2013 y el blindaje de las pensiones son también medidas importantes que CCOO ha planteado al Gobierno, comprometiéndose a hacerlo cuanto antes.

    En ese marco, nos encontramos con la convocatoria de Huelga General realizada por los sindicatos nacionalistas. Esta convocatoria nace de la desunión, se hace precisamente para arrinconar a los sindicatos de clase y romper la frágil unidad del movimiento de pensionistas.

    Esta Huelga General no responde a objetivos, se utiliza unilateralmente para una movilización que pretende patrimonializar un movimiento que ha sido ejemplar en el respeto a la pluralidad. La causa social, por lo tanto, se pretende sometida a las siglas, a lo identitario. No parece importarles el daño que se genera a ese movimiento social que ha sacado a la calle a miles de personas en demanda de unas pensiones dignas y públicas.

    Esta huelga supone un delirio tal, que sólo ha sido apoyada por EH Bildu. Apoyo minoritario y que sorprende porque, hay que recordarlo, EH Bildu acaba de firmar los Presupuestos de Navarra y ha facilitado la gobernabilidad en el Estado. Cabría esperar entonces una crítica de los convocantes ante el pragmatismo de la coalición abertzale, pero lo cierto es que no aparece por ningún lado. Y a eso nos tendremos que ir acostumbrando en el futuro; pragmatismo institucional y retórica aparatosa en la calle por parte del independentismo vasco, huérfano de grandes gestas y sumido en el politicismo clásico.

    Esta es una convocatoria unilateral y condenada al fracaso que no va a ser útil para las demandas que se plantean, que se hace desde una orientación sectaria y soberanista y que además va contra la esencia misma del movimiento de pensionistas.

    CCOO forma parte desde el principio de ese movimiento, trabajando por la unidad de acción y dedicando horas a ello, siempre priorizando la organización de un movimiento de pensionistas capaz de aglutinar y movilizar a una base social amplia y plural.

    Desgraciadamente, ELA, LAB y el resto de convocantes, ponen en peligro esa unidad que se ha dado entre organizaciones y en la calle. Para estos sindicatos parece que es más importante la identidad nacional, las fronteras físicas, las banderas, que los derechos sociales.

    El movimiento de pensionistas, junto con el feminista, ha sido un elemento central en este ciclo de protesta. Pero ahora ELA y LAB desprecian ese caudal social tratando de protagonizar de forma excluyente y poco útil la demanda por unas pensiones dignas.

    Y como no podía ser de otra manera, también aparece ese tic insolidario, esa conciencia de clase laxa y débil. Porque de paso y en el mismo viaje, se reivindica el sistema vasco de pensiones, como una especie de solución mágica, haciendo superstición sindical, como si ese sistema idealizado y propio fuera a solucionar todo el problema.

    Nuestro papel a través de la movilización y la negociación ha sido condicionar la acción de los gobiernos. Presionar y acordar, como binomio imprescindible, normalmente suele ser más útil para la gente trabajadora. Por eso hay que tener en cuenta que una Huelga General no es una movilización más, conlleva sacrificios para quien la hace. Precisamente por eso carece de sentido esa convocatoria, porque nace coja y ciega.

    Las convocatorias fantasmas de huelga poco o nada ayudan a prestigiar esta herramienta. Porque nadie nos va a creer cuando convoquemos una huelga laboral de verdad, una que aspire a cuidarnos y no a adoctrinarnos, una de todas y de todos.

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