Comisiones Obreras de Navarra | 22 julio 2024.

Que la fiesta sea el titular

  • Artículo de opinión de la Secretaria de Mujeres e Igualdad de CCOO de Navarra: "No perdamos la perspectiva. El responsable último de una agresión es la persona que agrede, ni más ni menos".

06/07/2022.
Eva Mier, secretaria de Mujeres e Igualdad de CCOO de Navarra.

Eva Mier, secretaria de Mujeres e Igualdad de CCOO de Navarra.

Es muy difícil ponerse en la piel de una persona que ha sufrido una agresión, por no hablar de las situaciones de maltrato, que se prolongan en el tiempo y dejan una profunda huella en las personas, un fantasma silencioso que pugna por salir como respuesta a desencadenantes inconscientes que atenazan la voluntad de la persona. Empatizar, esa palabra que tan de moda se ha puesto últimamente, que tan fácil se define y tan difícil es en ocasiones poner en práctica.

Desde la Secretaría de Mujeres e Igualdad de CCOO de Navarra, trabajamos con mujeres que han sufrido acoso sexual y acoso por razón de sexo en el ámbito laboral y hay que estar vigilantes para diferenciar cada tipo de acoso, para ponerle nombre y poder inicialmente eliminar o minimizar el riesgo y para atender, acompañar, sostener, orientar e intervenir con las mujeres en función de las circunstancias y de la situación personal de cada una.

Por eso, porque conocemos la crudeza de una agresión y sus devastadoras consecuencias en las personas, porque les ponemos cara, no podemos dejar de manifestar nuestra preocupación por las últimas agresiones que se están produciendo en diferentes puntos de España. Violaciones en grupo, la más vil manifestación de la brutalidad contra una mujer, violaciones de niñas, producidas por hombres cada vez más jóvenes, en ocasiones por menores de edad, asesinatos de mujeres por negarse a casarse por obligación. Hechos que producen verdadera repugnancia y remueven conciencias.

Algo está pasando en la sociedad cuando estamos llegando a un grado tan alarmante de agresiones contra las mujeres. Merece una profunda reflexión y un análisis exhaustivo, desde una revisión de la educación de nuestros hijos e hijas, pasando por el análisis del nivel de agresividad que trasmitimos en un día a día trepidante de una sociedad cada vez más estresada y acelerada, finalizando por pensar cómo podemos contribuir cada uno y cada una de nosotras desde nuestras diferentes posiciones, en el trabajo, como ciudadanos y ciudadanas o a título personal.

Pero ojo, no perdamos la perspectiva. El responsable último de una agresión es la persona que agrede, ni más ni menos. Nada justifica hacer daño a otra persona y en consecuencia debemos evitar difuminar la responsabilidad de un hecho tan grave buscando causas o circunstancias que en absoluto eximen a nadie de cometer una brutalidad.

Estamos a puertas de las fiestas de San Fermín. Tras dos años de pandemia hay una sensación de júbilo en el ambiente, de ganas, de necesidad de estallar y descargar toda la presión que el confinamiento ha instalado en nuestros estados de ánimo. Se intuye una necesidad imperiosa de recuperar el tiempo perdido, de disfrutar, de buscar el contacto, de perdernos entre la multitud pero esto no puede conducirnos a perder el norte. Como sociedad tenemos que concienciarnos de que ninguna situación pasada justifica saltarse las normas.

Pero además, no podemos mirar para otro lado si presenciamos una agresión, una amenaza. Todos y todas somos responsables de lo que hacemos pero también somos responsables de lo que dejamos de hacer y obviar es consentir.

Qué decir tiene que debemos desplegar todos los recursos disponibles cuando se ha producido una agresión, pero lo fundamental es que no se produzca, y ahí adquirimos especial protagonismo cada uno y cada una de nosotras.

Oímos el sentir general: “ojalá sean unas fiestas tranquilas y no haya que lamentar agresiones”. Ojalá, sí, pero además de desearlo, animamos a todas las personas a tomar una actitud proactiva, a no callarse, a denunciar, a visibilizar, a actuar en conciencia, a afear conductas inapropiadas por pequeñas que nos puedan parecer, a poner nuestro granito de arena porque está en nuestra mano contribuir a la concienciación de toda la sociedad.

Sólo cuando nos hagamos fuertes y señalemos al que agrede, cuando creemos una estructura social protectora que acorrale al que no respeta, al que impone su voluntad, podremos sentar las bases de unos espacios de ocio más seguros, donde todos y sobre todo todas, podamos disfrutar de las fiestas sin distinciones. Donde el hecho de ser mujer no signifique un hándicap.

En efecto, ojalá sean unas fiestas tranquilas, tanto en Pamplona como en todas las ciudades y pueblos que con el comienzo del verano dan el pistoletazo de salida a un calendario de fiestas que este año, además, tras la pandemia vivida y de la que aún estamos saliendo, son más necesarias que nunca.

Ojalá no se borre ninguna sonrisa y los titulares de prensa nos devuelvan la ilusión guardada durante dos años por unas fiestas que en cuestión de horas volverán a ser realidad.